Trincheras del corazón

Las trincheras se vuelven paisaje cotidiano…

A veces la vida parece empeñada en golpear siempre al mismo.
Cada día somos testigos de la avanzada que nos toca enfrentar,
esa batalla silenciosa que no siempre se libra con armas visibles.

Vencer o ganar pierde importancia;
lo esencial es mantener al enemigo lejos del alma,
apartado de la lucha interior,
desterrado del corazón.

Quiero ser ganador, sí,
pero por derecho, no por venganza.
Aliarme con el amor, la solidaridad y la confianza,
creer en lo que no se ve
y sostener esa fe necesaria
para sanar heridas y antiguos golpes.

Seguiré construyendo trincheras,
no para atacar, sino para proteger mis sueños.
Lo haré con la ayuda de mis principios,
esos que me fueron legados con dignidad por mis ancestros,
los que ya no están,
pero siguen siendo raíz, abrigo y guía.

trincheras

Donde el presente aprende a soñar

Entre el presente y los sueños
habita el mientras tanto,
un territorio sin fronteras
donde el tiempo se sienta a escuchar.

Allí pueden suceder mil cosas:
el brote invisible de una certeza,
un cambio que aún no tiene nombre,
la calma que ordena lo que vendrá.

Y también puede no pasar nada,
pero ese nada es cielo abierto,
pausa sagrada,
silencio trabajando en secreto.

El mientras tanto no promete ni exige:
simplemente sostiene
el delicado equilibrio
entre lo que es
y lo que aprende a ser.

Domingo y llueve ⛈️

presente

Digital – Feudos y palmeras en la plaza

Digital, de dedo…
El la sien, pensante,
o también en el culo.

Hay clase alta y también baja;
turista y primera;
culta e inculta;
fruncida y surcida.

Las redes no pueden ser la excepción:
alpinistas del Himalaya
y engreídos escaladores de los bancos de la plaza,
porque ni siquiera saben sentarse.

Diciembre hace florecer estas escenas:
quienes adornan palmeras
y hasta cursis que enroscan la manguera de regar
en un bananero, creyendo que le sacaron chispas.

Ciudadano digital de primera
y cuida-dano de cuarta,
limitado y peligroso.

Hombres que ven a una mujer
y le rinden tributo por tan solo serlo,
y grasas de mente atrofiada
que se sienten príncipes priápicos
de los mundos digitales.
-triple contra sencillo
que también son pito chico-

Almados y portales;
sabios y necios;
estrellas y estrellados.

Los soñadores y los ensoñados;
feudos y plebes
de la vida digital.

Las redes, como la vida,
no pueden ser la excepción.

Digital

Los misterios del destino

Qué misterios guardan los caminos del destino,
esos senderos de polvo estelar
que se entrelazan sin prisa
bajo la mirada silenciosa del cielo.

A veces, hacemos lo imposible
por acercar un alma a la nuestra:
levantamos plegarias como cometas,
tendemos puentes hechos de esperanza,
hilamos deseos con el hilo más fino del corazón.
Y aun así, nada sucede…
como si el viento eligiera callar
y el universo respondiera con un suave “todavía no”.
Otras veces, sin buscarlo,
dos pasos ajenos se tropiezan,
dos vidas se reconocen,
y el encuentro nace sin esfuerzo,
sin ruegos, sin demanda,
como si todo hubiera estado pactado
antes de nuestro primer respiro.

Hay caminos que jamás se tocan,
corrientes de vida que viajan paralelas al olvido,
como saludos breves
que el tiempo deshace en un soplo.

Hay otros que se cruzan solo un instante,
apenas un destello,
y luego vuelven a alejarse
como dos barcas que se rozan
y se despiden por siempre.
Misterios del destino.

Y están los pocos, los raros, los sagrados,
los que se vuelven senda compartida,
horizonte común,
dos almas caminando juntas
aunque no lo hayan pedido,
tampoco lo hayan imaginado,
aunque tardaran mil vidas en encontrarse.

Ese es el misterio,
la música secreta que guía a los soñadores:
saber que nada es casual,
que cada cruce, cada distancia, cada reencuentro
forma parte de un mapa mayor,
donde la magia escribe en silencio
lo que el corazón aprende a leer.

misterios

El mar lo sabe

Todos los ríos van al mar,
pero el mar jamás se llena.
Guarda el secreto del eterno fluir:
los ríos siempre regresan
al lugar de donde partieron,
para comenzar a correr de nuevo.

Y el mar lo sabe desde siempre.

Sabe de la nube que sueña altura,
del arroyo cristalino que nace tímido,
de los juncos sedientos que tiemblan de vida,
de la arena ardiente que quema memorias.

El mar lo sabe desde siempre.

Apenas mira de reojo
el reloj de arena en su bolsillo de playa,
como quien comprende
que todo tiene un tiempo bajo el sol.

El mar lo sabe.

Sabe de la luna de plata
besando la espuma,
bebiendo estrellas
como quien bebe historias antiguas.

Sabe que uno solo lleva consigo
lo que guarda adentro;
lo de afuera
se lo lleva el viento.

El mar lo sabe desde siempre.

Infinita es la marcha de la ola
que nace valiente,
avanza, se rinde,
y vuelve a ser nada
abrazada por la arena.

Arena que marca el tiempo
en el bolsillo de playa y oro
del eterno, inmortal corazón de agua.

La luna baja el telón, ya es de noche otra vez.

mar

Te lo susurro bajito

Te susurro algo bien bajito 🤫

Así opera la ley de atracción universal: el deseo señala el rumbo, la acción construye el camino y la energía determina la velocidad con la que tus sueños se vuelven reales.

Pero cuando alcanzas lo que anhelas, nace otra ley igual de importante: pide disciplina para mantenerlo y sabiduría para multiplicarlo.

Porque atraer es un inicio;
honrar y hacer crecer lo recibido,
el verdadero arte 😉

susurro

Quién

¿Quién guarda los sentimientos,
las horas de espera y los sueños que cosechamos en silencio?
¿Quién atesora las esperanzas, las tristezas,
los deseos de amor
y todas esas emociones que nacen cuando un ser humano siente profundamente por otro?
¿Dónde vive el guardián de los sueños y del amor?

Quizá habite en lo simple.
En una puesta de sol que nos aquieta,
una sonrisa sincera que ilumina sin esfuerzo,
en un abrazo cálido que nos recompone,
o en esa sonrisa que se nos instala al ver sonreír a alguien en una fotografía.
Son gestos pequeños, pero cargados de magia:
instantes que sanan, que nos devuelven la fe en la vida
y nos recuerdan que el amor —en todas sus formas— es un puente eterno.

Lunes… y vuelvo a preguntármelo.
Tal vez el guardián de los sueños vive justo ahí:
en todo lo que nos conmueve sin pedir permiso.

quién