Todos los ríos van al mar,
pero el mar jamás se llena.
Guarda el secreto del eterno fluir:
los ríos siempre regresan
al lugar de donde partieron,
para comenzar a correr de nuevo.
Y el mar lo sabe desde siempre.
Sabe de la nube que sueña altura,
del arroyo cristalino que nace tímido,
de los juncos sedientos que tiemblan de vida,
de la arena ardiente que quema memorias.
El mar lo sabe desde siempre.
Apenas mira de reojo
el reloj de arena en su bolsillo de playa,
como quien comprende
que todo tiene un tiempo bajo el sol.
El mar lo sabe.
Sabe de la luna de plata
besando la espuma,
bebiendo estrellas
como quien bebe historias antiguas.
Sabe que uno solo lleva consigo
lo que guarda adentro;
lo de afuera
se lo lleva el viento.
El mar lo sabe desde siempre.
Infinita es la marcha de la ola
que nace valiente,
avanza, se rinde,
y vuelve a ser nada
abrazada por la arena.
Arena que marca el tiempo
en el bolsillo de playa y oro
del eterno, inmortal corazón de agua.
La luna baja el telón, ya es de noche otra vez.

