El miedo llama a la puerta,
pero tú ya no corres a abrirla.
Te quedas.
Respiras.
Y en ese instante quieto
descubres que eres más grande
que cualquier historia que te hayas contado.
El ego construye castillos de excusas,
laberintos de ruido,
para que nunca llegues a tu esencia.
El silencio,
ese lugar en silencio
donde vive lo verdadero.
Pero cuando te atreves a quedarte,
cuando sostienes lo que incomoda
sin huir, sin defenderte,
algo antiguo se suelta.
Y apareces tú.
No el personaje asustado.
No la voz que justifica.
**Tú.**
Presente. Consciente. Libre.
Como el cielo que no pelea con las nubes —
simplemente las deja pasar
y sigue siendo, entero,
infinitamente azul.
La libertad no está al otro lado del miedo.
Está en el momento en que decides atravesarlo. Y comienzas a ser tú.


