Vacío de luces, relleno de sombras
A veces soy una estrella,
a veces, apenas una sombra
que se escurre tímida bajo mis propios pies.
¿Tienen luz las estrellas…
o solo reflejan el anhelo de los que miran?
¿Y por qué las sombras nos parecen tan tristes,
si también son parte de nuestra verdad?
La sombra —achatada, callada—
nos sigue en silencio,
atada a cada paso,
como un susurro antiguo de lo que fuimos.
Las estrellas, en cambio,
amasijos de fuego y distancia,
arden con una dirección secreta
y se derraman en el cielo
sin decir una sola palabra.
Luz y sombra.
Estrellas y tierra.
Así vivimos:
mitad claridad, mitad misterio,
seres danzando en un mundo
diseñado para la dualidad.
Y justo allí,
en el vaivén que sube y baja,
todo cobra sentido.
Como un juego sagrado
de equilibrio perfecto.
A veces, es más simple de lo que creemos.
Basta con detenerse,
respirar…
y mirar un atardecer.

