Nos la pasamos esperando.
Y a veces la vida se nos escapa entre los dedos en esa misma espera.
La existencia es un haz de pequeñas cosas.
Esperamos algo, alguien; desde lo simple hasta lo trascendente:
un mensaje, un correo, una llamada, una noticia…
y luego un trabajo, un puesto, una persona, un cambio de rumbo.
Alimentamos pensamientos que van y regresan,
cargados de desilusiones
pero también de nuevas esperas,
que vestimos de esperanza.
Las peores tormentas, a menudo, solo ocurren en nuestra cabeza.
Y es que a veces no conocemos el verdadero valor de un detalle,
de una persona, de una relación o de un instante…
hasta que se transforma en memoria.
Y aún así, seguimos esperando….
Y aun así, siempre amanece.

