Guerrero … Luchador valiente,
vas por la vida como el viento que no se detiene,
construyendo castillos en la arena del instante
y dejándolos ir cuando la marea llama tu nombre.
Eres hijo de antiguas auroras,
heredero de espadas que ya no existen
y de victorias que no quedaron escritas en los libros,
sino en la memoria secreta de tu alma.
Has peleado batallas que nadie recuerda.
Has defendido la llama frágil de la vida
cuando la noche parecía eterna.
Has sido centinela de la libertad,
peregrino de un ideal,
guardián silencioso de un amor
que brillaba como una estrella solitaria.
Tal vez cabalgaste contra molinos que eran tus propios miedos,
quizás cruzaste horizontes con el corazón como única bandera,
tal vez caíste sobre la arena ardiente
y aun así, te levantaste,
porque algo dentro de ti
nunca aprendió a rendirse.
Hoy sigues aquí.
Guerrero sin armadura visible,
con cicatrices que son constelaciones
dibujadas sobre la piel del tiempo.
No luchas contra el mundo,
luchas por encender la luz que el mundo necesita.
Cada caída ha sido una raíz,
tus heridas, una puerta,
cada pérdida, un maestro silencioso
que te enseñó a renacer.
Porque tu naturaleza no es vencer,
tu naturaleza es persistir.
Eres el río que continúa
aunque las piedras intenten detenerlo.
Eres el fuego que respira bajo las cenizas,
esperando el momento de volver a elevarse.
Luchador del ayer, del ahora y del mañana,
tu verdadera batalla no es conquistar la tierra,
sino recordar quién eres
en medio del olvido.
Y aunque no sepas si alcanzarás aquello que buscas,
cada paso que das
deja una huella luminosa en el tejido invisible del universo.
Porque luchar no es sólo resistir…
es amar lo suficiente la vida
como para volver a empezar
una vez más.

