Guerrero…
vas por la vida haciendo y deshaciendo hilos invisibles,
tejedor de destinos,
guardián de causas que solo el alma comprende.
Eres como los antiguos,
peleas no por gloria,
sino por el latido sincero de tu corazón,
por esa esquiva felicidad que se alza como bandera
tras cada derrota.
Seguramente estuviste en muchas batallas,
todas distintas,
todas reales.
Peleaste por la vida,
por la libertad,
ese ideal incorruptible,
por una fe ardiente,
por un amor que aún recuerdas sin nombre.
Tal vez fuiste Quijote,
luchando contra molinos y sombras,
o Alejandro, conquistando lo inconquistable.
Quizás llevaste la mirada de Napoleón,
la determinación del gladiador,
la entrega del soldado de Maratón,
corriendo hasta que el alma se rinda.
Y ahora…
ahora te toca otra batalla.
La más silenciosa,
la más profunda.
Eres guerrero de la vida.
Luchador de todos los tiempos.
Y aunque parezcas cansado,
aunque a veces sientas que todo es en vano,
tu alma no descansa,
porque tu naturaleza es seguir.
A pesar de ser vencido,
te levantas.
Una y otra vez.
Porque no peleas por la victoria…
peleás por dejar huella,
por encender sentido en medio de lo incierto.
Luchador del pasado,
presente y futuro.
Héroe sin corona,
alma que resiste.
Así me siento muchas veces:
peleando por algo
que no sé si lograré,
pero dejando todo en el intento
de simplemente… ser.


Ay! Mi amigo Sabio y Guerrero! Así nos sentimos muchos en el camino de la vida. Nos caemos, nos levantamos. Lo importante no es cuántas veces nos caemos, lo importante es levantarse y seguir nuestro camino. Ese camino que nos lleve a ser nosotros mismos; nosotros y nuestro pasado y nuestro presente. Y el futuro, que siempre es incierto, pero que se va abriendo ante nuestros ojos mostrando una imagen nueva de nosotros mismos en la que unas veces nos reconocemos y otras somos perfectos desconocidos, pero siempre con la finalidad de ser.
Feliz vida, Sabio Amigo.
Abrazo infinito de verano.
Keti, mi querida amiga.
Maestra de almas y de días claros,
Tus palabras llegan como bálsamo, como esa voz que uno necesita escuchar cuando el cansancio aprieta el alma y el cuerpo. Sí, la vida es caída y ascenso, un ciclo infinito donde a veces rodamos por el suelo y otras tocamos el cielo con los dedos, aunque sea por un instante.
Has dicho algo que me resuena con fuerza: “unas veces nos reconocemos y otras somos perfectos desconocidos”. Qué gran verdad. Porque cada paso, incluso los que damos heridos, nos transforma. Y en ese cambio, hay belleza. Aunque duela.
Caer es humano. Levantarse es sagrado. Y seguir, incluso sin certezas, es el mayor acto de fe en la vida… y en nosotros mismos.
Que el futuro nos encuentre caminando, con las rodillas raspadas pero el corazón intacto.
Gracias por estar, siempre.
Feliz verano para ti, aquí desde el frío invierno, te abrazo con gratitud.