En lo simple habita la alegría,
y en ella,
la verdad desnuda de tu esencia.
No hace falta tenerlo todo
para ser feliz.
Tampoco se puede tenerlo todo,
por eso, entre lo posible,
elijo quedarme con lo mejor:
lo que no pesa,
eso que no hiere,
lo que deja la mochila de la vida
un poco más liviana.
Hay lluvias y hay tormentas.
Unas invitan a mirar el cielo
con los ojos cerrados
y sonreír.
Otras piden paraguas,
abrigo,
y la humildad de buscar refugio.
Caminar despacio,
los pies descalzos,
la sonrisa como compañera.
Cuando eres dueño de tu tiempo,
la prisa pierde sentido
y el reloj aprende a callar.
Soltar.
Dejar que la vida siga su curso,
y que quienes no quieren quedarse
continúen su camino.
Porque tantas veces,
el adiós más doloroso
no es el que se oye,
sino el que se intuye,
ese que grita
con silencios profundos.
Y aun así,
seguir liviano,
caminar en paz,
seguir andando
con lo simple…
que siempre alcanza.


Amigo Sabio,
Está reflexión me hace pensar en la obsesión que tiene la gente por la búsqueda de la felicidad … No sería más positivo intentar buscar la no infelicidad?… Y mantenernos en una » tierra de nadie» , con tendencia a momentos de felicidad?… Y es verdad, días de lluvia y de tormenta…. Son necesarios los dos…
Sólo unas palabras, como diciendo: estoy presente!!
… Tic Tac…
Hay que aprender a dominar la espera…
Pasa un buen día!!
Un sincero abrazo maestro!!
Lagartija Brava 😃
Qué lindo eso de “buscar la no infelicidad”…
Ahí hay una sabiduría silenciosa, casi oriental, casi ancestral. La obsesión por la felicidad a veces pesa más que la tristeza misma. Se vuelve una carga, una exigencia, un deber que el alma no siempre puede ni quiere cumplir.
Tal vez —como bien intuyes— no se trate de perseguir cumbres, sino de aprender a habitar los valles. Esa tierra de nadie que nombras no es tibieza: es equilibrio. Es un suelo firme donde uno puede respirar sin euforia ni desesperación, sabiendo que la alegría vendrá… y que la lluvia también.
Porque sí, los días de tormenta son necesarios.
No para castigarnos, sino para lavar, para ablandar, para que lo liviano siga siéndolo y lo pesado, tarde o temprano, se caiga de las manos.
Dominar la espera… qué difícil y qué esencial.
La espera no como resignación, sino como acto consciente. Como quien sabe que el alma camina a otro ritmo, uno que no entiende de relojes ni de urgencias humanas. Tic tac… pero el alma no corre.
Y eso que dices, casi al pasar, es enorme: “estoy presente”.
No hace falta más. Estar. Sentir. Permanecer.
Lo simple basta, porque es lo único que realmente viaja con nosotros cuando todo lo demás se queda.
Gracias por estar, por decir presente sin ruido, por esa presencia que no ocupa espacio pero llena.
Un abrazo sincero, de esos que no apuran el tiempo, de viento a la distancia 🤗