Mundial – La Calma en Medio de la Marea Colectiva

El mundial camina sus últimos pasos..

Quienes me conocen saben que soy un confeso esquivo de las emociones que emanan de las masas. En este mundial, como en los anteriores, elegí ignorar por completo el ruido que lo precede, lo rodea y se deriva de él. Indiferente a resultados, indiferente a festejos, indiferente al marcador que otros llevan grabado en el pecho como si fuera propio.

El miércoles, mientras se jugaba una semifinal, yo caminaba por una calle de tierra en medio del campo. Mis perros trotando adelante, el termo bajo el brazo y el mate tibio en la mano. Me crucé con una persona muy apresurada que me reclamó, casi con espanto. Si acaso no sabía que «ya había comenzado el partido». Le sonreí. No supo qué hacer con mi sonrisa.

Ahí entendí, una vez más, que el mundial —como tantos otros grandes espectáculos— es una herramienta poderosa de convocatoria emocional. Y quienes saben leer esa energía, quienes conocen sus mareas, se benefician de lo que esa maquinaria colectiva produce y condensa en cantidades: millones de corazones latiendo al mismo compás, millones de almas entregando su atención, su fe, su fervor a noventa minutos de pasto y pelota.

La ansiedad, la angustia, la euforia desbordada, la tristeza repentina: todas esas emociones habitan en los extremos, lejos del centro sereno donde vive la calma, donde respira la armonía del alma. No juzgo a quien allí se instala por un rato; cada quien transita su camino y encuentra comunión donde puede. Pero yo prefiero observar desde la orilla, con respeto y sin apego, sabiendo que la verdadera fiesta ocurre en otro lugar: en el silencio de un mate compartido con el viento, en las huellas de mis perros sobre la tierra seca.

Y ni hablar si uno se atreviera a decir que el final y sus resultados ya laten dibujados de antemano en algún rincón donde la matriz deja escapar sus travesuras. Baste con observar con ojos despiertos.

Todas las almas podemos canalizar esa energía colectiva hacia nuestro propio centro, aunque pocas sabemos hacerlo con conciencia. Ese, sin embargo, es tema para otro encuentro.

Por ahora, les deseo un viernes en calma, elijan o no mirar el partido. Que la verdadera victoria sea siempre la paz que cada uno cultiva puertas adentro.

Feliz viernes.

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2 respuestas a «Mundial – La Calma en Medio de la Marea Colectiva»

  1. Querido sabio, yo tampoco cambiaría ese paseo, y si fuera acompañado de una charla, por un partido de fútbol… Lo tengo claro, pero un buen partido, entretiene y se disfruta, hay momentos para todo y hoy ha sido uno de ellos.
    El mundial de fútbol es el espectáculo que más espectadores reúne delante de una pantalla y eso guste o no , es muuucha energía… Y dinero, claro.
    Esa energía colectiva de la que hablas , se vive en los estadios, allí se siente de todo; ira, frustración, alegría , ilusión… Podríamos hablar del fútbol como egregor?

    El Mundial, ya ha terminado y la verdad es que no nos ha mejorado en nada lo que ya teníamos o nos faltaba , como seres humanos… Ni ganando… Jeje.

    Así que, has hecho bien en no sacrificar el paseo con tus perros por el fútbol. Seguro que lo aprovechastes para plantear preguntas, qué nos removerán el alma, en algún momento.

    Qué tengas un buen día… Yo lo he tenido y esto ha sido la guinda del pastel.
    Agradecido compañero,
    Un enorme abrazo desde la distancia , alma inquieta .

    1. Querida Lagartija Brava, alma inquieta que también sabe detenerse a mirar el pasto y el cielo antes que el marcador…

      Sí, hablemos del fútbol como egrégor, porque tu pregunta ya trae la respuesta dentro, como suelen traerla las buenas preguntas. Un egrégor no es más que una forma-pensamiento nacida del deseo colectivo, alimentada por miles de corazones que laten al unísono frente a una pantalla o una tribuna. Y el fútbol, es quizás uno de los pocos rituales que le quedan a esta humanidad fragmentada para sentir, aunque sea por noventa minutos, que somos uno solo respirando la misma emoción.

      Con respecto a tu pregunta, te dejo mi humilde opinión. A mi modo de ver el mundo y la realidad, el fútbol quizás sea uno de los mayores egrégores de nuestro tiempo y el mundial en sí, es una máquina de manejo de energías que pocas mentes pueden llegar a descifrar y que funciona con una conexión tal que une emociones más allá de horarios, distancias y funciona como una rara red emocional coordinada.
      El futbol en si es cierto que es un hermoso espectáculo cuando se lo mira sin estar bajo una de las leyes universales más potentes y es la del ritmo; ese péndulo que lleva a miles de la euforia a la tristeza en instantes sin pasar por la calma ni detenerse nunca. La única manera en que el futbol es un espectácuño y puede verse y disfrutarse (apreciar técnicas, jugadas, habilidades, destrezas, tácticas) es cuando se prescinde del marcador o el resultado deja de importar. Es el resultado lo que finalmente conecta a las masas con el egregor fútbol a través de la identidad social. Cuando el marcador deja de importarnos, el hechizo se rompe y solo queda el arte: el gesto técnico, la jugada que parece coreografía antigua, el cuerpo humano recordando que también puede ser poesía en movimiento.

      Tienes razón en algo que duele reconocer: ganar nunca sana nada. Ni perder tampoco. El resultado es apenas la cáscara; la energía real estaba en el instante mismo del juego, en ese péndulo del que hablaba, en la ira y la alegría que se turnaban sin pedir permiso. Ahí, en ese vaivén, es donde el egrégor se nutre, porque necesita nuestro apego al resultado para existir.

      Y así es, hermano del alma, mucha energía… y mucho dinero, como bien dices. Ahí está la trampa y también la enseñanza: aprender a beber del espectáculo sin quedar atrapados en su corriente, disfrutar la marea sin dejar que nos ahogue.

      Yo caminé con mis perros bajo un cielo que no le debía nada al resultado de ningún partido, y sí, se removieron preguntas, como bien intuyes. Ese es el verdadero premio de cada mundial que pasa: las preguntas que nos deja sembradas para cuando decidamos escucharlas.

      Un abrazo enorme también para ti, alma inquieta, desde esta orilla donde el paseo y la charla siguen ganando, en un invierno frío y lluvioso por esta parte del mundo 🤗

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