No leas al poeta con ojos literales
porque a veces escribe lo que ronda su mente,
ecos de un rumor en la calle,
destellos de miradas que dejaron huella,
o fragmentos de un sueño que aún respira en su memoria.
Otras veces, es el alma quien inventa mundos,
y las palabras, dóciles,
se visten de melodía para darles forma.
No todo lo que escribe es su propia historia,
pero todo lo que escribe guarda
un latido de humanidad,
un suspiro ajeno,
un secreto compartido,
un dolor que busca consuelo
o una esperanza que merecía ser contada.
El poeta no se escribe a sí mismo,
se escribe a todos,
y en cada verso,
siempre hay un rincón donde reconocerse.

