Al Ser que lo habita todo,
a esa presencia invisible que da vida a cada célula,
cada instante,
a cada latido silencioso del universo…
A Él —o a Eso— le debemos no solo la existencia,
sino la posibilidad de experimentarnos,
de descubrirnos,
de recordar que somos parte de una misma grandeza.
Las mentes de luz y las mentes en sombra,
ninguna está fuera.
Nadie está separado.
Todo habita dentro del mismo Reino.
Y aunque a veces lo olvidemos,
somos —cada uno— una chispa de esa luz.
Tú eres la luz del mundo, incluso cuando no lo ves.
Pero el ser humano, en su búsqueda,
ha confundido muchas veces el camino.
En nombre de la verdad, ha herido, ha dividido,
ha impuesto, ha destruido.
Por eso es necesario tener presente:
La verdad no es lo que nos hace superiores.
No es lo que encierra ni lo que endurece.
No es lo que nos llena de certezas rígidas
ni lo que nos separa de otros.
La verdad es aquello que libera.
Lo que abre.
Lo que nos permite amar sin miedo
y mirar al otro sin juicio.
Es una experiencia, no una imposición.
Un camino, no una bandera.
Y en ese camino, somos responsables.
Cada pensamiento, cada palabra, cada acción
teje la red en la que vivimos.
No estamos atrapados: estamos creando.
Ahí reside nuestra libertad más profunda.
Porque dentro de cada ser
hay una fuerza inmensa:
el conocimiento que despierta,
el deseo que impulsa,
y el espíritu que transforma.
Cuando esas fuerzas se alinean,
nace la abundancia —no solo material,
sino del alma—:
la paz, la claridad, el propósito.
Ser un mejor ser humano no es alcanzar perfección,
sino recordar.
Recordar que no estamos separados.
Que no necesitamos imponer para tener razón.
Que podemos elegir, una y otra vez,
crear desde la conciencia y no desde el miedo.
Y tal vez, en ese simple acto de recordar,
comience una nueva forma de habitar el mundo.



Cuando escribes tan profundo no puedo contener la emoción, una extraña sensación de llanto y risa parecen llenarme adentro y las lágrimas aparecen solas aunque no esté llorando. Es extraño.
A veces parecieras un filósofo, otras un hombre común enojado con la sociedad o con los que la conducen detrás de bambalinas y otras un místico que sabe hacer de cada palabra una flor, una flecha o un misterio.
Has cambiado Sabio, no eres el de la poesía o los versos armoniosos, eres otro, más profundo, crítico y hasta enojado a veces parecieras.
Será la locura de este mundo 🤔
La violencia que nos acecha 🤔
Los ne tan IA hu de la vida que hacen de este mundo una miseria 🤔
Aunque no tenga respuestas, me encanta leerte y lo que siempre dices.
Acepto tu propuesta: podemos entre todos hacer de esta casa un mundo mejor, nuestro hogar 🥰🙌😘
Luisa, lo que describes, ese llanto y risa mezclados, las lágrimas que aparecen sin avisar, no es extraño. Es el alma reconociendo algo verdadero.
Cuando eso pasa es porque algo de lo que leíste ya lo sabías, solo necesitabas que alguien lo dijera en voz alta.
Y pienso que tienes razón. No podría negarlo. He cambiado. O quizás he dejado de esconder algunas cosas.
Hay una angustia que me acompaña este tiempo como sombra y no se va.
Me duelen estas guerras nuevas que vuelven a vestirse de santas, de justas, de necesarias. Me duele que se mate en nombre de todos sin preguntarle a nadie.
No tomo partido por bandos porque el dolor de los que mueren no tiene bando, pero condeno con toda claridad a quienes las inician y a quienes las alimentan desde sus despachos y sus cuentas bancarias mientras otros ponen los cuerpos, el dolor, el perderlo todo.
Esa angustia se mete en lo que escribo aunque no quiera. Y a veces sin darme cuenta la poesía se vuelve flecha, como dices tú.
Pero no pierdo la fe en lo pequeño. En esta casa, en cada persona que lee y piensa y siente. Ahí sigo creyendo.
Gracias por verme, Luisa. De verdad.
Un abrazo enorme y lleno de luz 🙏✨