Los años son Sabios; enseñan muchas cosas que los días desconocen.
Los años tejen redes que el día no ve,
hilos de paciencia entre la herida y el eco.
Sabio es quien prueba su propio sabor en el asombro,
y reconoce en la hormiga un mismo latir de tierra.
El hombre moderno apagó sus gritos con auriculares de cristal,
pero el infierno interno sigue bailando en la cocina,
en la grieta del espejo, en la noche sin wifi.
Todos somos sabios en zapatillas,
un poco torpes, un poco eternos,
atando nudos con manos que tiemblan de ternura,
simplemente para evitar el tropiezo.
Y tú, que lees entre líneas de ciudad y prisa,
¿escuchas ese zumbido dulce que nace debajo del ruido?
No es un fantasma. Es la vida recordándote que el tropiezo también enseña a volar.


