Preguntas

Preguntas que regresan…

Siempre vuelve una pregunta
que no sabemos contestar.
Como una marea nocturna,
como una estrella insistente
golpeando el pecho.

¿Y si la vida ofreciera
una segunda oportunidad?
¿Lo arriesgarías todo
por volver a ser feliz,
o renunciarías a tu mayor anhelo
para no herir a los demás?

¿Cuántas veces se puede querer?
¿Existe un único amor verdadero,
o son muchos los nombres
que el alma le da a la misma luz?

Los ángeles no lloran cuando se van.
Lloramos nosotros,
los que quedamos en esta orilla
mirando el cielo
como si allí se hubiera ido algo nuestro.

¿Qué duele más:
traicionar a quienes te aman
o renunciar a ti mismo
para no perderlos?

Ahora lo sé.
La última vez que la vi,
sus ojos lagrimeaban
por una luna lejana.
Ella ya sabía
que toda elección cobra su precio,
que siempre algo se pierde
aunque no sepamos por qué
la nostalgia regresa
en cada noche estrellada.

Sabía que bebería
el saber de la ausencia,
esa tristeza espesa,
bocanada de hiel
que a veces deja el destino.

Son cosas que pasan
en los caminos de la vida,
historias que piden ser contadas
para no doler en silencio.

Yo no sé cómo son los ángeles.
Pero una vez conocí uno
con forma de mujer,
el corazón extendido en la mano
como una devoción,
como un milagro breve
que vino a enseñarme
que amar
también es aprender a soltar.

Preguntas

Preguntas que regresan…

Trincheras del corazón

Las trincheras se vuelven paisaje cotidiano…

A veces la vida parece empeñada en golpear siempre al mismo.
Cada día somos testigos de la avanzada que nos toca enfrentar,
esa batalla silenciosa que no siempre se libra con armas visibles.

Vencer o ganar pierde importancia;
lo esencial es mantener al enemigo lejos del alma,
apartado de la lucha interior,
desterrado del corazón.

Quiero ser ganador, sí,
pero por derecho, no por venganza.
Aliarme con el amor, la solidaridad y la confianza,
creer en lo que no se ve
y sostener esa fe necesaria
para sanar heridas y antiguos golpes.

Seguiré construyendo trincheras,
no para atacar, sino para proteger mis sueños.
Lo haré con la ayuda de mis principios,
esos que me fueron legados con dignidad por mis ancestros,
los que ya no están,
pero siguen siendo raíz, abrigo y guía.

trincheras

Te lo susurro bajito

Te susurro algo bien bajito 🤫

Así opera la ley de atracción universal: el deseo señala el rumbo, la acción construye el camino y la energía determina la velocidad con la que tus sueños se vuelven reales.

Pero cuando alcanzas lo que anhelas, nace otra ley igual de importante: pide disciplina para mantenerlo y sabiduría para multiplicarlo.

Porque atraer es un inicio;
honrar y hacer crecer lo recibido,
el verdadero arte 😉

susurro

Muy adentro

Muy adentro, en un rincón que a veces ni uno mismo conoce,
algo se instala despacio, como un susurro que busca lugar.
No siempre sabemos si es huésped o sombra pasajera,
pero con el tiempo descubrimos
que incluso aquello que incomoda puede volverse maestro.

La vida, con su manera sencilla de mostrar lo esencial,
nos recuerda historias como la de aquel anciano
que un día se lamentaba por no tener zapatos.
Hasta que encontró a un hombre pleno y sonriente
que caminaba sin pies.
Entonces comprendió que la gratitud abre puertas
que la queja mantiene cerradas.

Y así, paso a paso, entendemos que la verdadera libertad
no depende de lo que ocurre afuera,
sino del espacio luminoso que cultivamos dentro.
Quien se conoce, quien ha despertado a su propia claridad,
camina ligero:
nada puede quitarle la paz que nace de su centro.

adentro

Cuando Todo Cambia

Cambiamos…
sí, todo cambia.
El corazón muda su piel como los árboles su otoño,
la mirada aprende nuevas formas de ver la misma luna.

No somos los mismos de antes —
ni tú, ni yo, ni el eco de nuestras risas—.
El tiempo nos roza con dedos de alquimia,
nos pule, nos transforma,
nos enseña que vivir es perder y volver a florecer.

A veces decimos olvido,
pero en verdad decimos sanar.
La memoria no borra: acomoda,
bebe del río que pasa
y deja en la orilla solo lo que todavía brilla.

Cambiamos para no doler igual,
para poder amar distinto,
para reconciliarnos con la sombra
y hallar en ella una chispa de luz.

Porque la vida no se repite,
ni siquiera en sus gestos más suaves.
Cada mañana es una versión nueva del mundo,
cada lágrima es un océano distinto.

El amor también cambia —
se disfraza de despedida,
renace en otra piel,
y sigue siendo él mismo:
esa llama que nunca se rinde.

Así andamos,
mutando entre luces y crepúsculos,
aprendiendo que el cambio
no es perderse,
sino volver al alma,
más libre,
ligera,
más viva.

cambia

Nada es casual

Nada es casual. Nada ocurre porque sí. Todo tiene una razón, un momento, un propósito, aunque no siempre lo comprendamos.
Esa mosca que te incomoda, esa amiga que “por casualidad” encontraste en la calle, esa demora inesperada o ese encuentro fortuito… todo tiene un sentido, aunque escape a la mirada inmediata.

Así caminamos y cambiamos en la vida. Nadie es hoy igual que hace veinte años. Todos evolucionamos, aunque no siempre hacia lo mejor. Hay quienes, por elección o por miedo, deciden endurecerse y su cambio no es crecimiento, sino alejamiento de la luz.
Algunas personas viven en una oscuridad tan profunda que podrían quemarte solo para sentir un poco de calor mientras ardes. No te lo tomes como algo personal, pero aprende a tomar distancia: muchas veces ni siquiera saben que lo hacen.

Y también están las otras: esas almas luminosas que irradian una energía tan cálida que basta su presencia para hacernos sentir en paz. Su sola compañía se vuelve un refugio, Sientes la energía de su sonrisa aunque sus piés caminen a miles de kilómetros de los tuyos.

Nuestro cuerpo es sabio, el universo también. Ambos nos envían señales; todo es un lenguaje de símbolos y sincronías que nos guía, si sabemos escuchar.
Nada es casual. Cada persona que cruzas en tu camino llega con un mensaje, una lección, un espejo donde el alma se reconoce y crece.

El tiempo —ese guardián severo pero justo— no olvida ni perdona. Al final del recorrido, recordará a cada alma que es responsable de sí misma.
Cuando llegue el momento del balance, ningún espíritu podrá decir: “me obligaron”, “tenía miedo”, “no supe qué hacer”. No bastará.

Aún tenemos tiempo, porque aún tenemos vida.
Y aunque parezca una simple casualidad, tu existencia —como la mía, como la de todos— es parte de un tejido perfecto, hilado con propósito por el universo… y por tu propia alma.

casual

Esperando

Nos la pasamos esperando.

Y a veces la vida se nos escapa entre los dedos en esa misma espera.
La existencia es un haz de pequeñas cosas.

Esperamos algo, alguien; desde lo simple hasta lo trascendente:
un mensaje, un correo, una llamada, una noticia…
y luego un trabajo, un puesto, una persona, un cambio de rumbo.

Alimentamos pensamientos que van y regresan,
cargados de desilusiones
pero también de nuevas esperas,
que vestimos de esperanza.

Las peores tormentas, a menudo, solo ocurren en nuestra cabeza.
Y es que a veces no conocemos el verdadero valor de un detalle,
de una persona, de una relación o de un instante…
hasta que se transforma en memoria.

Y aún así, seguimos esperando….
Y aun así, siempre amanece.

esperando

Cuando un hombre llora

Cuando un hombre llora,
los cristales no solo se rompen…
suspiran en azul opaco,
se empañan de mundos
que nadie se atrevió a mirar.

La noche, entonces,
cambia de piel.
Se vuelve otro animal,
más callado,
más real.

El alma duele,
no como carne,
sino como viento que no encuentra su forma.
Todo parece un teatro de sombras,
materia avergonzada
de sentir tanto y tan hondo.

El cuarto se vuelve ojos.
Ojos vestidos de negro,
miradas que no preguntan,
que solo tiemblan.
La ventana,
pálida de ser,
no sabe si abrirse
o llorar también su luz.

Y el hombre,
ese hombre,
quiere correr sin pies,
romper la vida en pedazos,
suicidar la amargura
antes de que le consuma la cordura.

Pero cuando un hombre llora por amor…
no hay rincón en la Tierra
que no respire.

Todo está vivo.
Los árboles lo sienten.
Los perros lo entienden.
Hasta el silencio se acomoda
para no interrumpir la verdad
de ese llanto
que no pide permiso,
que no se esconde.

Porque un hombre llorando por amor
no es debilidad…
es universo en desborde.

hombre llora

Invierno

El invierno …
esa estación callada que invita a mirar hacia adentro,
a reflexionar con el corazón arropado por el silencio.
Va a su propio ritmo, lento, sabio, profundo.
Y por eso, siempre conviene guardar algo para él:
cosechas de amor,
caricias de los veranos del alma,
alegrías recolectadas en las primaveras de la vida.

En la siembra, aprende.
En la cosecha, enseña.
Y en el invierno… disfruta.

El aire frío todo lo transforma:
entre el filo seco que corta las mejillas
y la calidez de ciertos aromas,
el invierno crea su propia alquimia.

Es ese instante en que el alma se estremece
al oler canela y nuez moscada,
pan de jengibre, abeto en el suave humo,
y la leña ardiendo lentamente
como un abrazo antiguo que no se olvida.

Es en ese perfume del fuego y la especia
donde el alma encuentra abrigo,
y el corazón…
una tregua sagrada.

invierno


Invierno en el alma

Invierno en el alma, verano en la espera.
Junio se despide en silencio,
y el invierno clava su impronta
en el sur del mundo…
y en el centro del pecho.

Un día muy frío.
Un corazón helado.
Una piel de hielo que no se deja tocar.
Hoy, la vida parece no tener sentido,
y sin embargo,
amo esta soledad que no pide explicaciones,
ni justifica sus pasos.
Solo está, como el hielo:
fría, densa, verdadera.

Hace tiempo que mi reloj no funciona.
Las horas se deshacen,
como escarcha bajo la mirada del sol.
¿Cuántos pasos me quedan
por dar en este invierno interior?

Amo el verano,
sus sofocones, su entrega sin pudor.
En el campo,
la vida se da la mano con el calor
y florece sin permiso.
El invierno, en cambio, encierra,
pero también prepara.

Y en medio del gris,
siento un arco iris en ciernes,
prófugo de alguna tormenta pasada.
Vendrá con el primer rayo de luz,
como un milagro anticlimático,
como quien ha esperado toda una vida
para nacer de nuevo.

Olvidé —sí—
que tras los nubarrones
se esconde un cielo intacto.

Hay algo en estos días
que conecta con nuestra escala íntima,
esa sensación de estar quebrados,
como Ícaros sin alas
mirando mundos que no podremos colonizar,
pero que aún así nos llaman.

La vida es un río que no regresa.
Cada piedra, una prueba.
Cada curva, un gesto de paciencia.
En un rincón remoto,
el río nace como una mano tímida
que busca tocar el mar.
Y en su andar,
aprende la humildad,
la fuerza del que no se detiene,
la sabiduría de quien escucha
el canto de los pájaros
y abraza los valles sin miedo.

Al llegar al mar,
el río comprende:
no era la rapidez lo que lo haría eterno,
sino la constancia,
y la forma en que tocó al mundo en su viaje.

Así también nosotros.
En esta estación seca,
en esta pausa sin lluvias,
el alma se prepara.
Y aunque hoy no llueva,
el verano vendrá
a llenar de colores
los cauces que aún duelen.

invierno

error: Letras de los Sabios!!