Pachamama: la voz que habita en cada semilla

Pachamama, esa Diosa Madre andina que representa el espacio-tiempo, venerada por los pueblos de Los Andes.

El 1 de agosto, América Latina entera se detiene para mirar hacia abajo, hacia esa tierra que sostiene cada paso que damos. Es el Día de la Pachamama, la Madre Tierra, y es también un día para detenerse a agradecer.

Hoy elevo mi ofrenda con las manos abiertas, no para pedir, sino para agradecer. Agradezco la prosperidad que ha llegado como fruto maduro del sacrificio, la constancia y la perseverancia. Nada de lo que hoy sostengo nació del azar: nació del trabajo silencioso, de la siembra diaria, de la fe puesta en cada intento.

Y en este agradecimiento, comprendo algo más profundo: la Pachamama no solo nos da alimento y cobijo, nos da también una lección constante de equilibrio. Ella no exige, ella sostiene. Ella no juzga, ella acoge. Y aun así, muchas veces olvidamos escucharla.

Creo, con toda el alma, que si tan solo abriéramos el oído a su voz —al viento que susurra entre las hojas, al agua que canta al correr, al silencio profundo de la montaña— estaríamos mucho más cerca de eso que todos buscamos y llamamos armonía, felicidad, plenitud.

La tierra no habla con palabras, habla con ciclos. Y hoy, en este nuevo ciclo, pido que sea uno de paz. Un ciclo sin pensamientos mezquinos, sin afrentas, sin guerras. Un ciclo donde sembremos gratitud y cosechemos comunidad, donde cada uno de nosotros sea, a su manera, guardián de esta casa común que compartimos con todos los seres.

Que la Pachamama nos siga enseñando lo que ya sabe desde siempre: que dar y recibir son parte del mismo latido, y que la verdadera riqueza está en la armonía con lo que nos rodea. 🌿🙏🏼

pachamama

La Serpiente que me Habita

serpiente

Ruge la serpiente en mis entrañas.
Se abre mi pecho como un rugido oculto,
un eco voraz que despierta el tumulto.
Hay un dragón que arde en mi pecho,
sus llamas son brasas, su vuelo deshecho.

La serpiente de madera que soy, herida y callada,
muere despacio, su fuerza agotada.
Pero en su mirada, oscura y profunda,
late un secreto que nunca se hunde.

Cansado de palabras que rozan sin tocar,
anhelo el vértigo de amar y sangrar.
Desde lo alto, todo se vuelve pequeño,
amor y dolor, dos caras de un sueño.

Llora la serpiente, con lágrimas de fuego,
un deseo inmortal, un lazo eterno.
Porque la luna, con su brillo certero,
adivina el misterio que guardo en mi pecho.

No hay druida ni magia que cure el tormento,
solo el dolor cincela el sentimiento.
El cataclismo de este amor voraz
redime a la bestia que no puede escapar.

Pongo tu nombre en un altar de espinas,
te ofrezco mi corazón sin mentiras.
Corto los colmillos, pero no mi destino,
porque la serpiente en mí sigue tu camino.

Te ha conquistado la serpiente de madera
que dice el zodíaco chino que soy,
su risa hechicera, su pasión, su amor.
Y aunque sus colmillos ya no hieran tu piel,
en mi sombra eterna sigue siendo fiel.

serpiente

 

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