Oscuridad

oscuridad

Oscuridad es tu mundo…
Si te busco, te desvaneces.
Si te encuentro, ya no estás.
Y la rueda sigue girando,
como si el destino jugara a esconderse de sí mismo.

Parecía un juego, apenas un gesto ligero,
pero no lo era.
Era tu forma de habitar el mundo,
de rozar la vida sin tocarla,
de existir en el reflejo
y no en la llama.

Te movías detrás de la pantalla,
ese vidrio brillante que promete presencia
y entrega ausencia.
Allí donde las formas parecen ciertas,
pero el alma no deja huella.
Allí donde el brillo es prestado
y la verdad espera, paciente,
del otro lado.

Quizá buscabas mi luz
no para compartirla,
sino para cubrir el eco de tu propia noche.
Quizá mis ganas fueron abrigo
para un invierno que no era mío.
Y aun así, no me arrepiento,
porque hasta la ilusión tiene su enseñanza,
y hasta el espejismo sabe señalar el camino hacia el agua verdadera.

Yo creía en el amor,
ese que no necesita máscaras,
ese que no se esconde en vitrinas de cristal.
Tú, en cambio, danzabas con tu reflejo,
alimentando un eco que siempre pedía más,
sin saber que el amor no se consume,
se respira.

Hoy agradezco el tiempo,
incluso el que pareció perderse,
porque fue el maestro silencioso
que me enseñó a distinguir
entre quien abraza con el alma
y quien solo extiende las manos para llenar su vacío.

Y me queda una última imagen,
no como herida,
sino como pregunta suspendida en el viento:

¿Qué encontrará tu corazón
el día en que la pantalla se apague,
y la vida, al fin, te mire de frente
con toda su verdad encendida?

Oscuridad

oscuridad

El banco donde el amor no se sentó

amor

Hace mucho tiempo, en una fría tarde de otoño, el Amor Universal y el Amor Par.
—sí, el que se vive de a dos—
Estaban sentados en el mismo banco de un parque. No hablaban. Miraban la vida pasar, como si el mundo fuera un desfile de sombras, hojas y luces que no necesitaban comentarios.

Quizás eran pareja por conocerse, o por reconciliarse. Nadie lo dijo, ni lo cuentan las voces que trajeron esta historia. Solo se sabe que, en cierto momento, el silencio se volvió demasiado denso, como una nube cargada que amenaza con estallar.

Tal vez para romperlo, tal vez porque su fuego interior lo consumía, el Amor par, tímido pero decidido, quiso abrazar al Amor Universal.

—Quítame las manos, apártate, me ahogas —dijo el Amor Universal con voz firme, casi enojada.

El Amor Par, respondió:

—¿Lo dices tú, o es la voz de tu ego?

—¿Tú hablando de ego? con una sonrisa, el primero respondió…

El silencio volvió entonces a ser juez. Y fue un silencio que olía a hojas secas, a tiempo detenido, a la pregunta que no se anima a formularse.

Los que vieron ese momento aseguran que no volvieron a hilvanar palabras. Cuenta la historia que, antes de que la noche terminara de instalarse, ambos se levantaron del banco y siguieron su camino… pero por orillas distintas del lago que tenía el parque. El Amor Universal caminó por un lado, y el Par por el otro, sin volver jamás a sentarse en el mismo banco.

Muchos olvidaron la historia. Otros, impulsados por la esperanza o la nostalgia, dicen que se reconciliaron en algún momento. Pero los que conocen la verdad de la leyenda aseguran que desde ese día, y por siempre, uno camina un lado y el otro, el otro, como si un cordón invisible los separara, dejando el banco vacío, testigo mudo de lo que no pudo ser.

amor

🌟 Moraleja

A veces, el golpe deja huella más que la caricia.
El amor que se impone sin escuchar, el abrazo que no respeta el espacio del otro, termina alejando lo que más desea unir.
El verdadero abrazo nace del respeto, de la calma, de la humildad, no del fuego ciego.
Cuando extremamos nuestro ego, el amor se vuelve distante, y lo que podría ser unión se transforma en orillas separadas.

El encuentro que no debía existir

encuentro

Un encuentro en los albores del infinitito.

En los recovecos del tiempo, allí donde los destinos se rozan sin permiso, ocurrió lo impensable: dos fuerzas absolutas se encontraron cuando jamás debieron hacerlo.
El Amor y la Muerte quedaron frente a frente.

Ella era pálida, envuelta en un manto de silencios antiguos.
Él, encendido, tibio, con la luz temblando en la piel.
Se miraron largo rato, sorprendidos, sin bajar la mirada. El aire se volvió denso, cargado de preguntas sin respuesta.

¿Moriría el amor al tocarla?
¿O se enamoraría la muerte al sentirse mirada?

Ni el mismo Dios pareció querer intervenir.
El Universo, testigo involuntario, guardó silencio y observó.

La Muerte, cansada de acompañar vidas ajenas, sintió por primera vez el peso de su propia soledad. Enamorada tristemente de una existencia vacía, descubrió que también ella podía anhelar. Y ese descubrimiento la volvió frágil.

El Amor, fiel a su naturaleza, quiso salvarla. Creyó que bastaba con entregarse, con arder más fuerte, con demostrar que incluso lo eterno puede transformarse. Pero amar sin ser correspondido no da vida: la quita.

Así comenzó una batalla sin armas.
De amaneceres y ocasos.
Palabras imposibles y gestos que no podían sostenerse.
De intentos por unir lo que no estaba hecho para permanecer unido.

Al final, el Amor se fue apagando en los brazos de la Muerte.
Y la Muerte, al haber amado, dejó de ser eterna: murió de vida.

De aquel encuentro solo quedaron fragmentos, suspendidos en el corazón de los hombres. Por eso soñamos el amor con tanta intensidad mientras caminamos, sin mirar atrás, hacia el abrazo inevitable de la señora del manto negro.

Moraleja:

encuentro

El amor nos enseña a vivir, pero no puede salvarnos de la muerte.
La muerte nos recuerda que todo es finito, y por eso, amar es urgente.
Quien comprende ambos, aprende el secreto más antiguo:
vivir plenamente… antes de que el silencio vuelva a cerrar el círculo.

Preguntas

Preguntas

Preguntas que regresan…

Siempre vuelve una pregunta
que no sabemos contestar.
Como una marea nocturna,
como una estrella insistente
golpeando el pecho.

¿Y si la vida ofreciera
una segunda oportunidad?
¿Lo arriesgarías todo
por volver a ser feliz,
o renunciarías a tu mayor anhelo
para no herir a los demás?

¿Cuántas veces se puede querer?
¿Existe un único amor verdadero,
o son muchos los nombres
que el alma le da a la misma luz?

Los ángeles no lloran cuando se van.
Lloramos nosotros,
los que quedamos en esta orilla
mirando el cielo
como si allí se hubiera ido algo nuestro.

¿Qué duele más:
traicionar a quienes te aman
o renunciar a ti mismo
para no perderlos?

Ahora lo sé.
La última vez que la vi,
sus ojos lagrimeaban
por una luna lejana.
Ella ya sabía
que toda elección cobra su precio,
que siempre algo se pierde
aunque no sepamos por qué
la nostalgia regresa
en cada noche estrellada.

Sabía que bebería
el saber de la ausencia,
esa tristeza espesa,
bocanada de hiel
que a veces deja el destino.

Son cosas que pasan
en los caminos de la vida,
historias que piden ser contadas
para no doler en silencio.

Yo no sé cómo son los ángeles.
Pero una vez conocí uno
con forma de mujer,
el corazón extendido en la mano
como una devoción,
como un milagro breve
que vino a enseñarme
que amar
también es aprender a soltar.

Preguntas

Preguntas que regresan…

Donde el presente aprende a soñar

presente

Entre el presente y los sueños
habita el mientras tanto,
un territorio sin fronteras
donde el tiempo se sienta a escuchar.

Allí pueden suceder mil cosas:
el brote invisible de una certeza,
un cambio que aún no tiene nombre,
la calma que ordena lo que vendrá.

Y también puede no pasar nada,
pero ese nada es cielo abierto,
pausa sagrada,
silencio trabajando en secreto.

El mientras tanto no promete ni exige:
simplemente sostiene
el delicado equilibrio
entre lo que es
y lo que aprende a ser.

Domingo y llueve ⛈️

presente

Los misterios del destino

misterios

Qué misterios guardan los caminos del destino,
esos senderos de polvo estelar
que se entrelazan sin prisa
bajo la mirada silenciosa del cielo.

A veces, hacemos lo imposible
por acercar un alma a la nuestra:
levantamos plegarias como cometas,
tendemos puentes hechos de esperanza,
hilamos deseos con el hilo más fino del corazón.
Y aun así, nada sucede…
como si el viento eligiera callar
y el universo respondiera con un suave “todavía no”.
Otras veces, sin buscarlo,
dos pasos ajenos se tropiezan,
dos vidas se reconocen,
y el encuentro nace sin esfuerzo,
sin ruegos, sin demanda,
como si todo hubiera estado pactado
antes de nuestro primer respiro.

Hay caminos que jamás se tocan,
corrientes de vida que viajan paralelas al olvido,
como saludos breves
que el tiempo deshace en un soplo.

Hay otros que se cruzan solo un instante,
apenas un destello,
y luego vuelven a alejarse
como dos barcas que se rozan
y se despiden por siempre.
Misterios del destino.

Y están los pocos, los raros, los sagrados,
los que se vuelven senda compartida,
horizonte común,
dos almas caminando juntas
aunque no lo hayan pedido,
tampoco lo hayan imaginado,
aunque tardaran mil vidas en encontrarse.

Ese es el misterio,
la música secreta que guía a los soñadores:
saber que nada es casual,
que cada cruce, cada distancia, cada reencuentro
forma parte de un mapa mayor,
donde la magia escribe en silencio
lo que el corazón aprende a leer.

misterios

Quién

quién

¿Quién guarda los sentimientos,
las horas de espera y los sueños que cosechamos en silencio?
¿Quién atesora las esperanzas, las tristezas,
los deseos de amor
y todas esas emociones que nacen cuando un ser humano siente profundamente por otro?
¿Dónde vive el guardián de los sueños y del amor?

Quizá habite en lo simple.
En una puesta de sol que nos aquieta,
una sonrisa sincera que ilumina sin esfuerzo,
en un abrazo cálido que nos recompone,
o en esa sonrisa que se nos instala al ver sonreír a alguien en una fotografía.
Son gestos pequeños, pero cargados de magia:
instantes que sanan, que nos devuelven la fe en la vida
y nos recuerdan que el amor —en todas sus formas— es un puente eterno.

Lunes… y vuelvo a preguntármelo.
Tal vez el guardián de los sueños vive justo ahí:
en todo lo que nos conmueve sin pedir permiso.

quién

Lo que nunca existió

nunca

Hay amores que no fueron,
pero laten en el silencio
como una flor que nunca abrió sus pétalos
y aun así perfuma el aire.

Hay verdades que se esconden
bajo la lengua,
palabras que tiemblan
antes de nacer,
miradas que dijeron demasiado
cuando el corazón aún callaba.

Nos mentimos sin saberlo,
creyendo que el silencio bastaba,
que el gesto o la costumbre
eran un idioma suficiente.
Y sin embargo, en lo profundo,
algo sabía que dolería un día
todo lo que no dijimos.

Fuimos dos que se rozaron
sin encontrarse,
dos mares sin orilla,
dos fuegos que no ardieron juntos
pero que aún se reconocen en el humo.

El tiempo pasó sobre nosotros
como una ola sin nombre,
borrando las huellas,
dejando la certeza tibia
de que hubo algo,
aunque la vida jure que no.

Y así, cada tanto,
cuando cae la noche y el alma se abre,
siento ese eco antiguo,
esa sombra luminosa
de lo que nunca existió
pero nunca se fue.

nunca

Cuando Todo Cambia

cambia

Cambiamos…
sí, todo cambia.
El corazón muda su piel como los árboles su otoño,
la mirada aprende nuevas formas de ver la misma luna.

No somos los mismos de antes —
ni tú, ni yo, ni el eco de nuestras risas—.
El tiempo nos roza con dedos de alquimia,
nos pule, nos transforma,
nos enseña que vivir es perder y volver a florecer.

A veces decimos olvido,
pero en verdad decimos sanar.
La memoria no borra: acomoda,
bebe del río que pasa
y deja en la orilla solo lo que todavía brilla.

Cambiamos para no doler igual,
para poder amar distinto,
para reconciliarnos con la sombra
y hallar en ella una chispa de luz.

Porque la vida no se repite,
ni siquiera en sus gestos más suaves.
Cada mañana es una versión nueva del mundo,
cada lágrima es un océano distinto.

El amor también cambia —
se disfraza de despedida,
renace en otra piel,
y sigue siendo él mismo:
esa llama que nunca se rinde.

Así andamos,
mutando entre luces y crepúsculos,
aprendiendo que el cambio
no es perderse,
sino volver al alma,
más libre,
ligera,
más viva.

cambia

error: Letras de los Sabios!!