Pensamiento de un día viernes
No son pocas las veces que nos rompemos la cabeza intentando descifrar la conciencia humana. Esa chispa invisible que nos hace ser. Ni siquiera la ciencia, con toda su lupa y su método, logra abrazarla del todo. La reduce a una capacidad que solo ciertas especies biológicas alcanzarían, y dando tantas vueltas termina por empequeñecerla, casi negándola. Pero hay algo que el propio científico olvida, y es la certeza más innegable de todas: él mismo tiene conciencia. Y si él la tiene, todos la tenemos. Ese es el punto de partida que ninguna fórmula puede tachar.
Quienes miramos la vida desde un lugar más holístico no buscamos encerrarla en una definición, como quien mete el mar en un frasco. Preferimos aprender a habitarla, a usarla como herramienta de crecimiento colectivo, como hilo que nos teje a todos en una misma trama.
¿Quién puede asegurar que la realidad no sea, en el fondo, algo parecido a un videojuego cósmico? Cada conciencia conectándose para jugar su rol, su nivel, su aventura. Y lo que creemos individual —ese «yo» que tanto defendemos— quizás no sea más que la conciencia colectiva jugando a través nuestro, como en un mapa compartido con sus propias reglas, sus recursos ocultos y sus atajos secretos que solo el alma despierta sabe encontrar.
Somos jugadores y a la vez somos el juego. Somos la pregunta y también, de a poco, la respuesta. Quizás la conciencia en vez de un todo, sea simplemente cual simple cable de red o antena wifi que nos une a ese servidor universal.
A veces los viernes me gusta divagar pensamientos y compartirlos con quien quiera detenerse a mirar el cielo un ratito conmigo. 😃
Feliz viernes, almas viajeras.

