El latido de la vida

latido

La vida no es un ir y venir, sino un latido que se expande en círculos concéntricos,
cada paso desdibuja el anterior, pero lo guarda en su centro.
No hay borrador, porque el tiempo no tacha, superpone. Cada página mal escrita es una capa que se fosiliza bajo las nuevas letras,
y el libro, lejos de reprocharnos, nos muestra sus tachaduras como garabatos de viejas rutas que nunca tomamos.

Soñamos con manos que nunca sostuvieron las nuestras. Escribimos cartas que el viento deshizo en partículas de sal.
Borramos por miedo a que el otro lea lo que ni nosotros mismos entendemos. Y sin embargo, la vida —esa extraña archivera— recoge hasta el susurro de lo no dicho.
Cada lágrima que no cayó, cada flor que no nació, cada palabra que fue un puente y se quedó en madera sin tallar.

Borrar es un acto de fe. Creemos que al desaparecer lo escrito, también desaparece su eco.
Pero los años vuelven con sus preguntas de gota incesante…
¿Dónde van los mensajes que no enviamos?
¿En qué estante del cosmos se acumula las palabras que callamos?
Tal vez en ese lugar donde el silencio tiene peso, donde los sueños que no vivimos germinan en reversa,
como árboles que crecen hacia el subsuelo.

Caminamos con los pies llenos de polvo de todos los senderos equivocados,
sin saber que el error es un idioma que la vida habla para enseñarnos a descifrar su gramática.
La tristeza no es un abrazo, sino un espejo: nos devuelve nuestras ilusiones rotas para que aprendamos a ver a través de sus grietas.

Perseguimos espejismos porque el horizonte siempre promete ser la orilla del asombro.
No advertimos que el hogar no es un lugar, sino la pausa entre dos latidos.
La certeza de que hay una mano que espera la nuestra más allá de las nubes.
Cuando los ojos se cansan de buscar, el corazón comienza a mirar.
Y entonces descubrimos que los sueños que creímos perdidos estaban ahí, disueltos en la luz de lo que siempre fue, esperando que dejáramos de huir para encontrarlos en el centro del círculo, donde todo vuelve a ser principio.
El latido de la vida.

latido

Latido y Silencio

silencio

El silencio murmura,
y susurra al viento,
canta escondido,
en un eco incierto.

Adoro tus palabras,
que alteran mi pulso,
como si cada letra,
fuera un latido nuevo.

Tienes un espacio,
profundo en mi corazón,
donde hacen su nido,
y encuentran refugio.

Pero entre todos los amores,
el que más fuerte late,
es el amor propio,
firme y sin tarde.

Cuando callas,
el silencio regresa,
y descubro en mí,
la raíz que me envuelve.

Ese amor propio,
firme y profundo,
es el refugio eterno,
en este vasto mundo.

silencio

error: Letras de los Sabios!!