Tiempo de silencios, tiempo de luz

Hace tiempo, cuando abrí mi primera cuenta en aquel viejo Twitter, mi motor era un deseo profundo: advertir, despertar, salvar a todos de los peligros y realidades que no parecían ver. Twitter quedó atrás, pero las enseñanzas permanecieron.

La vida y sus golpes me mostraron que el verdadero cambio comienza cuando, en lugar de salvar al mundo, uno aprende a salvar lo que queda sano de sí mismo.

Y es que entre cada crisis llega un pozo de silencio, de fatiga, de desilusión. Pero en ese fondo silencioso, siempre hay una voz que susurra: “No te abandones, sabes que puedes. Aquieta tus ansias, confía en el tiempo del universo, todo llegará cuando deba.”

Todos los seres tienen días oscuros, todos los corazones conocen la sombra. Lo importante es cuidar la propia luz, porque aunque parezca apagada, siempre, siempre encontrará la forma de volver a brillar.

tiempo

Entre luces y sombras

Vacío de luces, relleno de sombras
A veces soy una estrella,
a veces, apenas una sombra
que se escurre tímida bajo mis propios pies.

¿Tienen luz las estrellas…
o solo reflejan el anhelo de los que miran?
¿Y por qué las sombras nos parecen tan tristes,
si también son parte de nuestra verdad?

La sombra —achatada, callada—
nos sigue en silencio,
atada a cada paso,
como un susurro antiguo de lo que fuimos.

Las estrellas, en cambio,
amasijos de fuego y distancia,
arden con una dirección secreta
y se derraman en el cielo
sin decir una sola palabra.

Luz y sombra.
Estrellas y tierra.
Así vivimos:
mitad claridad, mitad misterio,
seres danzando en un mundo
diseñado para la dualidad.

Y justo allí,
en el vaivén que sube y baja,
todo cobra sentido.
Como un juego sagrado
de equilibrio perfecto.

A veces, es más simple de lo que creemos.
Basta con detenerse,
respirar…
y mirar un atardecer.

luces

Alquimia de luz

Alquimia del universo,
luz de los alquimistas.
Ser único,
una mujer con alma de universo,
brillas con luz propia,
como estrella nacida del corazón del cielo.

Eres un regalo sagrado
para el alma que sueña y espera,
musa de los días claros,
inspiración que derrama el néctar de la aurora.

En tu sonrisa danza el sol,
desbordando luz en cada gesto,
y en tus ojos serenos y profundos
se esconde el misterio de la calma.

Cómplice de mis alegrías y tristezas,
testigo silente de mi historia,
me maravillo ante tu belleza sin medida,
la que nace de adentro,
la que nunca se apaga.

Eres la melodía en mis canciones,
el poema en cada madrugada.
Eres la razón de mi sonrisa
y la paz que anida en mi pecho.

Libre como el viento que acaricia tu cabello,
barrilete de sueños que no conocen límites,
fuerza sutil que rompe cadenas
sin levantar la voz.

En las noches más oscuras,
eres mi faro, mi guía,
una luz que disipa los temores
y me recuerda que no estoy solo.

Tu amistad:
hogar en la tormenta,
cobijo de palabras suaves,
presencia que siempre conforta,
espejismo de colores que se vuelve real.

Laura…
tu nombre vibra como un mantra antiguo,
tu esencia infinita es alquimia de vientos,
cántico druida que bendice
el misterio de estar vivos.

alquimia

Entre el Silencio y la Luz

Entre el Silencio y la Luz, una pequeña novela sobre los hilos invisibles del alma

Habían sido compañeras de trabajo en años distantes, cuando el tiempo aún no sabía de nostalgias. Desde entonces, cultivaron una amistad que echó raíces en la memoria, se conocían como quien conoce el vaivén del mar: a veces tranquilo, a veces tempestuoso, pero siempre fiel a su ritmo.

Con los años, sus respectivas parejas entraron en escena. Fue una casualidad bien dispuesta —como tantas veces obra la vida— la que permitió que ellos también trabaran amistad. Así, las reuniones se volvieron costumbre: cenas sencillas, brindis compartidos, conversaciones que flotaban ligeras sobre el mantel.

El tiempo, siempre paciente, tejía el calendario de encuentros. A veces en una casa, otras en la opuesta. Pero también el tiempo, sabio y silencioso, fue testigo de cómo los afectos no siempre crecen parejo, como los árboles en un mismo jardín. Ella —la de la voz suave y las manos siempre abiertas— seguía siendo amiga entrañable de su amiga, pero algo más profundo se había gestado con el esposo de esta. Un lazo extraño, inexplicable, que no necesitaba nombres ni justificaciones.

Confidentes. Eso eran. De heridas antiguas, de errores que no se confiesan ni a uno mismo. Sus conversaciones eran ríos subterráneos, corrientes de ternura que fluían bajo la superficie de lo cotidiano. Jamás se quebraron los códigos sagrados de la fidelidad; más bien, construyeron uno nuevo, secreto, que solo ellos entendían.

El tiempo, que antes organizaba los encuentros, ahora se limitaba a observar cómo los momentos surgían solos, espontáneos como flores silvestres. Las excusas para verse eran infinitas: un café rápido, una llamada larga, un mensaje enviado al caer la tarde. Y aunque compartían palabras con sus parejas, era entre ellos que las conversaciones se hacían profundas, esenciales.

Nunca hubo sexo. Nunca hubo traición. Solo ese amor callado que a veces arde más fuerte que cualquier pasión. Ambos sabían que algo dormía entre ellos, un susurro de lo que pudo ser y no sería jamás. Y jugaban —como juegan los niños a esconderse— a ignorar lo evidente, a disimular lo que en el fondo ambos sabían. Abrazados al silencio, eternos amigos del silencio.

Se decía, en ciertos rincones del cielo, que sus almas estaban enamoradas desde antes del tiempo. Que en otras vidas se habían buscado y quizás se perdieron. Pero en esta, aquí, entre rutinas, cenas y promesas, eran apenas amigos. Amigos de sus parejas. Amigos el uno del otro.

Y tal vez —solo tal vez— también amigos de ese destino que eligieron no cruzar.

silencio

error: Letras de los Sabios!!