Trincheras del corazón

Las trincheras se vuelven paisaje cotidiano…

A veces la vida parece empeñada en golpear siempre al mismo.
Cada día somos testigos de la avanzada que nos toca enfrentar,
esa batalla silenciosa que no siempre se libra con armas visibles.

Vencer o ganar pierde importancia;
lo esencial es mantener al enemigo lejos del alma,
apartado de la lucha interior,
desterrado del corazón.

Quiero ser ganador, sí,
pero por derecho, no por venganza.
Aliarme con el amor, la solidaridad y la confianza,
creer en lo que no se ve
y sostener esa fe necesaria
para sanar heridas y antiguos golpes.

Seguiré construyendo trincheras,
no para atacar, sino para proteger mis sueños.
Lo haré con la ayuda de mis principios,
esos que me fueron legados con dignidad por mis ancestros,
los que ya no están,
pero siguen siendo raíz, abrigo y guía.

trincheras

Donde el presente aprende a soñar

Entre el presente y los sueños
habita el mientras tanto,
un territorio sin fronteras
donde el tiempo se sienta a escuchar.

Allí pueden suceder mil cosas:
el brote invisible de una certeza,
un cambio que aún no tiene nombre,
la calma que ordena lo que vendrá.

Y también puede no pasar nada,
pero ese nada es cielo abierto,
pausa sagrada,
silencio trabajando en secreto.

El mientras tanto no promete ni exige:
simplemente sostiene
el delicado equilibrio
entre lo que es
y lo que aprende a ser.

Domingo y llueve ⛈️

presente

Te lo susurro bajito

Te susurro algo bien bajito 🤫

Así opera la ley de atracción universal: el deseo señala el rumbo, la acción construye el camino y la energía determina la velocidad con la que tus sueños se vuelven reales.

Pero cuando alcanzas lo que anhelas, nace otra ley igual de importante: pide disciplina para mantenerlo y sabiduría para multiplicarlo.

Porque atraer es un inicio;
honrar y hacer crecer lo recibido,
el verdadero arte 😉

susurro

Muy adentro

Muy adentro, en un rincón que a veces ni uno mismo conoce,
algo se instala despacio, como un susurro que busca lugar.
No siempre sabemos si es huésped o sombra pasajera,
pero con el tiempo descubrimos
que incluso aquello que incomoda puede volverse maestro.

La vida, con su manera sencilla de mostrar lo esencial,
nos recuerda historias como la de aquel anciano
que un día se lamentaba por no tener zapatos.
Hasta que encontró a un hombre pleno y sonriente
que caminaba sin pies.
Entonces comprendió que la gratitud abre puertas
que la queja mantiene cerradas.

Y así, paso a paso, entendemos que la verdadera libertad
no depende de lo que ocurre afuera,
sino del espacio luminoso que cultivamos dentro.
Quien se conoce, quien ha despertado a su propia claridad,
camina ligero:
nada puede quitarle la paz que nace de su centro.

adentro

Cuando Todo Cambia

Cambiamos…
sí, todo cambia.
El corazón muda su piel como los árboles su otoño,
la mirada aprende nuevas formas de ver la misma luna.

No somos los mismos de antes —
ni tú, ni yo, ni el eco de nuestras risas—.
El tiempo nos roza con dedos de alquimia,
nos pule, nos transforma,
nos enseña que vivir es perder y volver a florecer.

A veces decimos olvido,
pero en verdad decimos sanar.
La memoria no borra: acomoda,
bebe del río que pasa
y deja en la orilla solo lo que todavía brilla.

Cambiamos para no doler igual,
para poder amar distinto,
para reconciliarnos con la sombra
y hallar en ella una chispa de luz.

Porque la vida no se repite,
ni siquiera en sus gestos más suaves.
Cada mañana es una versión nueva del mundo,
cada lágrima es un océano distinto.

El amor también cambia —
se disfraza de despedida,
renace en otra piel,
y sigue siendo él mismo:
esa llama que nunca se rinde.

Así andamos,
mutando entre luces y crepúsculos,
aprendiendo que el cambio
no es perderse,
sino volver al alma,
más libre,
ligera,
más viva.

cambia

El espejo digital: narcisismo coherencia y libertad interior

La vida es un espejo y reflejará de vuelta al pensador aquello que éste haya pensado. Ernest Holmes

El narcisismo, esa sombra brillante del alma, se alimenta hoy de píxeles y aplausos virtuales.
En las redes sociales encuentra su templo. Allí, cada selfie es una oración al propio ego, cada logro exagerado una plegaria por validación. Cada opinión polarizadora un intento desesperado de ser visto.

Pero nada de esto es casual. Detrás de la búsqueda de admiración se oculta un miedo antiguo: el de no ser suficiente.
Y así, para sostener la imagen que mostramos, terminamos actuando más que sintiendo, repitiendo la vieja paradoja: si no actúas como piensas, acabarás pensando como actúas.

Un espejo, al final de cuentas.

Nos volvemos actores en nuestra propia vida, olvidando al ser que alguna vez miraba el mundo sin filtros ni estadísticas.
Porque cuando se sacrifica la coherencia —esa intimidad entre el pensamiento y el acto— también se entrega, poco a poco, la libertad.

El control de lo que hacemos y pensamos se disfraza de elección, pero con el tiempo se vuelve una carga invisible sobre los hombros del alma.
Y aunque parezca normal, no siempre lo adecuado es lo que todos hacen… sino lo que nos devuelve la paz. 🌙

espejo

La Quietud del Eje

No es el entorno lo que afina el eje
entre el alma y el universo…
es el corazón.
A veces, estamos rodeados de espacio,
envueltos por la naturaleza,
abrazados por su inmensidad…
y, aun así, elegimos pasar la vida
bajo el mismo árbol,
leyendo el mismo libro
una y otra vez.
No por costumbre,
sino porque allí, en esa quietud repetida,
algo dentro de nosotros
sintoniza con lo eterno 💫

eje

eje

Silencios que hablan

Tanto pueden esclavizar los silencios como las palabras.
Los silencios… son todo aquello que no hicimos, lo que callamos, lo que no nos atrevimos a decir ni a vivir.

Deseos enterrados, gestos suspendidos, verdades aplazadas.
Son palabras que nunca fueron voz, pero que insisten en existir: flotan como fantasmas, se escriben en el viento, se disfrazan de calma. A veces son adivinanzas que nadie logra descifrar. Palabras invisibles, cobardes, evaporadas antes de nacer.

El silencio, cuando no es elección, se convierte en una pequeña muerte.
Una atadura sutil que enlaza nuestros sentidos y amordaza el alma.

Y ahora pienso que, quizá, esclaviza más lo no dicho que lo mal dicho.

Porque cuando el silencio se instala, no como refugio sino como miedo,
puede desgastar vínculos, apagar latidos, romper lentamente lo que se creyó firme.

Cada pausa sin nombre se vuelve cadena. Cada eco no pronunciado, un peso que se lleva adentro.

Y así pasa la vida: sin palabras, sin actos, sin verdad.
Hasta que llega el último silencio, el absoluto… el de la muerte.
Y entonces, puede que lo no vivido duela más que lo vivido con errores.

Porque a veces las palabras no alcanzan, sí… pero también es cierto que el silencio, cuando es miedo y no elección, nos priva de ser.
Tal vez, solo rompiendo ese silencio y abrazando el ruido de la verdad, podamos encontrar la libertad en vida… y quizás también, la paz al partir.

silencios