Silencio a aquel que no lo sienta

Silencio.
A aquel que no lo sienta,
no intentes explicarle el cariño,
ni los sabores que guarda la amistad.
Las razones se enseñan,
los manuales se estudian,
pero el amor…
el amor se revela solo,
en el pulso donde la vida
se hace eterna,
en el rincón secreto
donde Dios escondió su esencia
para brillar en nosotros como chispa divina.

A aquel que no lo sienta,
no le hables del cariño,
no vale la pena.
Guarda silencio.
Evitarás que te miren
como a un loco,
como a un pez que nada
fuera de su río.

Los que nunca amaron,
nunca lloraron,
los que no bebieron sus lágrimas por amor,
no podrían entenderlo.
Y es justo por eso
que el misterio del amor
permanece invicto,
callado,
pero vivo en quienes aún creen
en su milagro.

silencio

Entre el Silencio y la Luz

Entre el Silencio y la Luz, una pequeña novela sobre los hilos invisibles del alma

Habían sido compañeras de trabajo en años distantes, cuando el tiempo aún no sabía de nostalgias. Desde entonces, cultivaron una amistad que echó raíces en la memoria, se conocían como quien conoce el vaivén del mar: a veces tranquilo, a veces tempestuoso, pero siempre fiel a su ritmo.

Con los años, sus respectivas parejas entraron en escena. Fue una casualidad bien dispuesta —como tantas veces obra la vida— la que permitió que ellos también trabaran amistad. Así, las reuniones se volvieron costumbre: cenas sencillas, brindis compartidos, conversaciones que flotaban ligeras sobre el mantel.

El tiempo, siempre paciente, tejía el calendario de encuentros. A veces en una casa, otras en la opuesta. Pero también el tiempo, sabio y silencioso, fue testigo de cómo los afectos no siempre crecen parejo, como los árboles en un mismo jardín. Ella —la de la voz suave y las manos siempre abiertas— seguía siendo amiga entrañable de su amiga, pero algo más profundo se había gestado con el esposo de esta. Un lazo extraño, inexplicable, que no necesitaba nombres ni justificaciones.

Confidentes. Eso eran. De heridas antiguas, de errores que no se confiesan ni a uno mismo. Sus conversaciones eran ríos subterráneos, corrientes de ternura que fluían bajo la superficie de lo cotidiano. Jamás se quebraron los códigos sagrados de la fidelidad; más bien, construyeron uno nuevo, secreto, que solo ellos entendían.

El tiempo, que antes organizaba los encuentros, ahora se limitaba a observar cómo los momentos surgían solos, espontáneos como flores silvestres. Las excusas para verse eran infinitas: un café rápido, una llamada larga, un mensaje enviado al caer la tarde. Y aunque compartían palabras con sus parejas, era entre ellos que las conversaciones se hacían profundas, esenciales.

Nunca hubo sexo. Nunca hubo traición. Solo ese amor callado que a veces arde más fuerte que cualquier pasión. Ambos sabían que algo dormía entre ellos, un susurro de lo que pudo ser y no sería jamás. Y jugaban —como juegan los niños a esconderse— a ignorar lo evidente, a disimular lo que en el fondo ambos sabían. Abrazados al silencio, eternos amigos del silencio.

Se decía, en ciertos rincones del cielo, que sus almas estaban enamoradas desde antes del tiempo. Que en otras vidas se habían buscado y quizás se perdieron. Pero en esta, aquí, entre rutinas, cenas y promesas, eran apenas amigos. Amigos de sus parejas. Amigos el uno del otro.

Y tal vez —solo tal vez— también amigos de ese destino que eligieron no cruzar.

silencio

Renglones del Silencio

En renglones rectos van escritas las tristezas,
en los torcidos la riqueza
y los duendes, corriendo por el margen,
arrojando las piedras y escondiendo la llave.

Hay que buscarla,
la vida no regala su oro;
los duendes no llaman a la puerta,
y la fortuna no viaja sin destino.

Días vestidos de prólogo,
de un destello prometedor,
de una luz embriagadora que nunca llegó
a iluminar un buen capítulo, apenas la portada.

Crónica anunciada de un final desastroso,
y, aun así, en el libro de los fulanos,
quedaron subrayados esos renglones,
torcidos, deseos escritos en la penumbra.

Eunucos del tiempo,  las batallas perdidas,
menos las de la imaginación.
En el silencio un altar, cual místico refugio,
hilando sueños en un viento detenido.

Sostenido en eternos momentos,
balanceo sordo de memorias de sal,
quimeras de cristal,
afilando las garras del día final.

Hay que buscarla,
porque la vida nunca fue gratis;
es un mago que cobra sus hechizos
con lágrimas y con pasión.

Lloramos recuerdos,
pero en el llanto también hay esperanza.
Entre sombras y luces,
los renglones del silencio aún cantan la gloria
de un mañana mejor.

renglones

Latido y Silencio

El silencio murmura,
y susurra al viento,
canta escondido,
en un eco incierto.

Adoro tus palabras,
que alteran mi pulso,
como si cada letra,
fuera un latido nuevo.

Tienes un espacio,
profundo en mi corazón,
donde hacen su nido,
y encuentran refugio.

Pero entre todos los amores,
el que más fuerte late,
es el amor propio,
firme y sin tarde.

Cuando callas,
el silencio regresa,
y descubro en mí,
la raíz que me envuelve.

Ese amor propio,
firme y profundo,
es el refugio eterno,
en este vasto mundo.

silencio

En silencio

Es una pena guardar en silencio lo que sentimos…
Expresar tu opinión, compartir ideas, atreverte a decir que no, te liberará y te hará dueño de tu vida.
Nos callamos por miedo a la reacción de los demás, por temor a desnudar el alma, pero al final, somos nosotros quienes cargamos con el malestar.

Si no decimos lo que pensamos, si no mostramos lo que sentimos, nadie podrá adivinarlo y ese silencio se convierte en un peso que arrastramos.
Expresar lo que llevamos dentro, decir nuestra verdad, nos devuelve la libertad y el poder sobre nuestro propio destino.
Ser asertivo es afirmarse, es reivindicarse.

A menudo, somos nuestros peores jueces, repitiendo frases que nos paralizan:
«No puedo»,
«No soy capaz»,
«¿Qué pensarán si digo lo que quiero? Se enfadarán conmigo».
Esos pensamientos van levantando muros entre nosotros y el mundo, separándonos de lo que realmente somos.

¡Cambiemos!
Cambiemos todo, todos juntos.
«Voy a intentarlo y si no lo logro, no importa, habré aprendido.
Voy a decir lo que pienso, con respeto hacia los demás, pero siendo fiel a mí mismo».

Como decía Paulo Coelho: «Conozco el miedo, pero la pasión me hace valiente».
¿Lo intentamos juntos?

silencio

El Refugio del Silencio

En la quietud del silencio, hallo mi esencia,
un espejo sin máscaras donde el alma se refleja,
las lágrimas encuentran su razón de ser,
y la melancolía se convierte en poesía,
envolviéndome suavemente en sus versos.

En cada canción, en cada entonación,
el pulso del alma marca su vibración,
es en ese instante sagrado, donde el tiempo se detiene,
donde las notas se suspenden, flotando en el aire,
y el silencio se convierte en el aliento del músico,
dejando que el alma respire,
y el corazón escuche lo que las palabras no pueden decir.

Cada nota, suspendida en el aire,
es un suspiro del corazón,
un lenguaje que sólo el silencio comprende,
dejando que el corazón se exprese,
y el amor florezca en lo no dicho.

Regálate un instante de ese silencio sagrado,
donde tu voz interior sea la melodía,
la voz de la esperanza, del amor,
y de un futuro brillante,
que tu corazón sea la brújula,
marcando el rumbo hacia la luz de tu ser.

 

silencio

 

El Silencio y Sus Voces

Hay personas que no pueden, no saben
estar en medio del silencio…
una TV encendida, personas siempre cerca,
con su eterno murmullo.
Auriculares en la sien. Historias de una realidad.
Cuando para otros, el silencio
no es una ausencia de sonido
sino una música para las almas sensibles;
así los sonidos se convierten en voces
y cada voz tiene una razón, un lugar,
un porqué en el rompecabezas de la vida.

Un día encontraremos las voces perfectas
para cambiar los murmullos y serán simples.
Notas en el pentagrama de la naturaleza.
El silencio, a veces incomprendido,
es un refugio para aquellos
que saben escuchar más allá del ruido,
más allá de lo evidente.
Para ellos, el silencio no es vacío,
es plenitud, es la melodía sutil
que susurra secretos del alma,
la música que brota del corazón de la tierra.

Cada murmullo del viento, cada susurro del agua,
cada crujido de las hojas al caer,
se convierten en notas de una sinfonía eterna,
donde cada sonido tiene su lugar,
su momento, su razón de ser
en este vasto rompecabezas.

Hay quienes buscan llenar el vacío con ruido,
temiendo enfrentar la soledad,
mientras otros encuentran en el silencio
un diálogo íntimo con el universo,
una comunión con lo infinito.

Es en ese silencio donde las almas sensibles
descifran los mensajes ocultos,
donde las voces del pasado y del presente
se entrelazan en una danza armoniosa,
donde cada nota es una pieza vital,
un eco de amor, de esperanza, de vida.

Un día, cuando aprendamos a escuchar
con el corazón abierto,
encontraremos las voces perfectas,
esas que resuenan con la verdad más pura,
esas que son simples y auténticas,
como las notas de una canción antigua,
que la naturaleza ha cantado siempre.

Y entonces, el ruido se desvanecerá,
dejando espacio para una música nueva,
una sinfonía de simplicidad y belleza,
donde cada sonido, cada voz,
tendrá su lugar sagrado,
y nosotros, con el alma despierta,
seremos capaces de entender
el lenguaje profundo del silencio,
esa melodía que nos une a todos,
en el gran pentagrama de la vida.

 

silencio