Guerrero…
vas por la vida haciendo y deshaciendo hilos invisibles,
tejedor de destinos,
guardián de causas que solo el alma comprende.
Eres como los antiguos,
peleas no por gloria,
sino por el latido sincero de tu corazón,
por esa esquiva felicidad que se alza como bandera
tras cada derrota.
Seguramente estuviste en muchas batallas,
todas distintas,
todas reales.
Peleaste por la vida,
por la libertad,
ese ideal incorruptible,
por una fe ardiente,
por un amor que aún recuerdas sin nombre.
Tal vez fuiste Quijote,
luchando contra molinos y sombras,
o Alejandro, conquistando lo inconquistable.
Quizás llevaste la mirada de Napoleón,
la determinación del gladiador,
la entrega del soldado de Maratón,
corriendo hasta que el alma se rinda.
Y ahora…
ahora te toca otra batalla.
La más silenciosa,
la más profunda.
Eres guerrero de la vida.
Luchador de todos los tiempos.
Y aunque parezcas cansado,
aunque a veces sientas que todo es en vano,
tu alma no descansa,
porque tu naturaleza es seguir.
A pesar de ser vencido,
te levantas.
Una y otra vez.
Porque no peleas por la victoria…
peleás por dejar huella,
por encender sentido en medio de lo incierto.
Luchador del pasado,
presente y futuro.
Héroe sin corona,
alma que resiste.
Así me siento muchas veces:
peleando por algo
que no sé si lograré,
pero dejando todo en el intento
de simplemente… ser.


